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domingo, 20 de diciembre de 2015

RAZONES PARA PRACTICAR KARATE


RAZONES PARA PRACTICAR KARATE


Estos son solo algunas de las razones por las cuales se recomienda practicar karate.


PLANIFICACIÓN DE PROYECTOS SOCIALES

PLANIFICACIÓN DE PROYECTOS SOCIALES


En la planificación de proyectos relacionados a  Comunicación para el Desarrollo, se deben responder ciertas preguntas, éstas nos ayudaran a orientarnos en el curso de las etapas que integran un proyecto social.



domingo, 13 de diciembre de 2015

ESTRUCTURA DE LA NOTICIA



ESTRUCTURA DE LA NOTICIA

Seguramente  a la mayoría de estudiantes de periodismo o dedicados a esta profesión se les ha dicho que las noticias se deben trabajar en forma  de la "pirámide invertida". Si bien es cierto que es la más clásica, en esa oportunidad les presento dos nuevas estructuras que se puede aplicar dependiendo a la historia que se quiere narrar.









domingo, 6 de diciembre de 2015

CANDIDATOS PRESIDENCIALES 2016: LOS FAVORITOS Y LOS ANÓNIMOS

CANDIDATOS PRESIDENCIALES 2016

el 10 de abril de del 2016 se realizarán las elecciones para elegir al presidente que gobernará durante el periodo 2016_2021. Son 13 los candidatos, algunos ya gozan del baño de popularidad y se disputan la cúspide de las encuestas, tales como ellos:




Caso contrario sucede con los siguientes, Ellos  aún luchan por salir de la fosa del anonimato,  ellos son :



CARTA A JULIE: UNA GOTA DE LLUVIA INMARCESIBLE

CARTA A JULIE:

UNA GOTA DE LLUVIA INMARCESIBLE

En ese momento descubrí que de la combinación de rojo con el agua también puede obtenerse el color gris. Ella estaba allí, tendida debajo de un techo de lluvia. Su sangre salpicada a su alrededor parecía una cama de rosas derramadas, sobre ella yacía solemne, hasta en la orilla de la muerte: mi dulce Emma.

Horas antes habíamos salidos de un performance artístico a cargo de un colectivo que se hacía llamar “Imperio Artista”, una agrupación integrada por jóvenes que hacían de los talentos individuales de sus integrantes una forma de herramienta para realizar ayuda social, al mismo tiempo que exponían sus trabajos artísticos, que era su esencia, o algo así fue lo que entendí cuando se presentaron en su exposición.

Esa tarde llovía intensamente, pareciera que el cielo tuviera grietas y se derramaba a gritos el agua que contenía.  Pero no era impedimento para nosotros, a ambos nos fascinaba la lluvia y decidimos caminar cogidos de la mano, compartiendo un solo paraguas.

Pasamos parques, colegios, cafeterías y más. Teníamos literalmente el mundo solo para los dos, las personas estaban regocijadas en cualquier parte que tuviera techo, mientras nosotros aprovechábamos quizá el único momento en que no tuviéramos que chocar en el tumulto con otras personas, éramos libres. Las personas nos miraban como bichos raros, nos daba igual, si hiciéramos caso a las conjeturas y miradas extrañas, cuántas cosas nos perderíamos los seres humanos. Nos dirigíamos a nuestro hogar, un pequeño departamento, pero lo suficientemente grande para dos tortolos enamorados: para el amor, las reuniones, las discusiones y las resoluciones de conflictos que terminaban siempre en arrebatamientos de pasión.

Luego de un tiempo de caminata bajo el cielo agujereado, caímos a la avenida Las Culturas, la lluvia se veía trémula, en un solo ritmo, monótona. De pronto llegamos a nuestro café favorito, por la ventana empañada  con dificultad se apreciaba unas cuantas personas refugiándose en tazas de bebidas calientes acompañadas de una variedad de pasteles: especialidad de la casa.

Le pregunte si quería que nosotros también descansáramos un momento, que si era suficiente por hoy de travesuras. Ella presionó fuertemente mi brazo como diciéndome que no quería, pero yo insistí, esta vez le propuse comprar unos pasteles para llevar a casa.

_ya que insistes. Me obligarás a preparar un café, pero todo sea porque te amo, ve, adelante, te espero_ respondió_ con su típica sonrisa blanda que me enamoró desde la primera vez.

Así fue, la dejé en el mismo sitio donde nos detuvimos, cubriéndose con el paraguas que estoicamente soportaba las bofetadas del viento. Unos minutos después, cuando recibía los dos soles de mi vuelto, un golpe en seco se oyó desde afuera. Giré violentamente mi mirada hacia ella: un paraguas negro bailaba en el aire, ensayando unos movimientos atípicos, como si no dominara aun el ritmo del nuevo son que empezaba a marcar la lluvia, era una música lóbrega y hermosa a la vez, como cantos de cisnes, como cantos de sirenas, como la lira de los ángeles, y al paraguas comenzaba a descender como una pluma en sus primeros días de clases.
imagen tomada de Internet



Cuando cayó por fin, me estremecí, Emma había desparecido del cuadro de la ventana, dejé todo y corrí a la puerta, lo que vi después lo sentí como si una ola gigantesca me cayera del cielo y me hiciera pedazos, y más pedazos de mis pedazos hasta quedar hecho lodo.

Mi Emma, mi dulce Emma agonizaba, la lluvia caía sobre ella como quien se apiadara y tratara de revivirla como a una marchita flor, como si cada gota le dijera “aguanta, qué será de Mac sin ti” en definitiva era cierto. Qué sería de mí sin ella.

La tenía en mis brazos, gritaba hasta sentir sangrar mi garganta, pero la lluvia que en ese momento acrecentaba en intensidad, censuraba mis intentos por pedir ayuda, mi desesperación. Mientras su cuerpo imperceptiblemente aún caliente, se distinguía de la gélida piel de la tarde de aguacero.
Advertí que lloraba, sus lágrimas no se confundían con la lluvia, sus lágrimas eran diáfanas como gotas de diamantes. Sentí una gran culpa, el pecho se me infestaba de abejas asesinas. “si no hubiera insistido con detenernos, no estaría pasando esto” _pensaba en voz alta.

Sus brazos languidecieron, sus cabellos dejaron de respirar, sus ojos comenzaban a marchitarse, sus labios comenzaron a perder su color, su piel se mimetizaba con las nubes, al final, todo su cuerpo murió, recostada en mis brazos, mientras yo también moría en vida.

Esta vez mis gritos rompieron la alharaca de la lluvia. Todos corrían hacia la escena, tenían los rostros crispados, algunos se desesperaban, otros gritaban, uno que otro parecía que intentaba llamar a alguien. De pronto traspuse la mirada a mi derecha: allí estaba él, el asesino, tendido en el piso; su auto estaba empotrado en la esquina de la farmacia. Mis ojos se clavaron en su cuerpo adiposo, si hubiera podido arderlo con la mirada no hubiera dudado, qué me importaba si esa mierda estuviera muerto. Estaba fuera de mí, quería levantar su cuerpo y volverlo a matar, mis ojos se perdían entre él y mi amada, entre mi amada y él. Cuando sentí una mano en el hombro: era un bombero.

Desde ese día odiaba la lluvia con todas mis fuerzas, me parecían lágrimas cínicas de un cielo sin corazón o del que se esconde detrás. La odiaba más porque ni cuando tuve que enterrarla dejó de caer sobre mí, musitando en mis hombros mi tragedia, burlándose; porque resulta que el maldito que la atropelló estaba en estado de ebriedad, y perdió el control por la lluvia _ eso arrojó las investigaciones_; porque sus padres me recriminaron el haber permitido que caminara por la lluvia, hasta los míos lo hicieron.  Parecía que en todas mis desgracias ella, la lluvia, estuviera presente. Lo contradictorio era que cuanto más la odiaba más me gustaba caminar bajo ella, pensaba que así tal vez podría encontrarme con Emma. Y al parecer tendría que vivir con la lluvia mucho tiempo más, pues los pronósticos indicaron que continuaría al menos por medio año.

imagen tomada de Internet
Dos meses después de lo sucedido, salía del trabajo que había conseguido en una universidad particular como docente de Lengua y Literatura. Era diciembre, faltaba dos días para Navidad. Llovía, decidí recorrer el mismo camino del día de mi tragedia, así que me dirigí a la puerta de la exposición, era lógico que estuviera cerrada. A partir de allí caminé por cada lugar que recorrimos ese día, cada pisada, cada parada, hasta llegar al café.  Divisé por la ventana, había gente como esa vez. Me detuve un largo rato recreando cada imagen, tratando de imaginar otro final. De pronto me dio unas ganas incontrolables de entrar, quería volver a la escena desde adentro y así lo hice: pedí un café con un Pie de Fresa y me ubiqué en una mesa junto a la ventana.

Sin sorber gota alguna, solo comiendo el Pie me sumergí en la lectura de una antología de poesía, sospecho haberme ausentado al menos media hora.  Un relámpago que detonó cerca me hizo despertar, cogí el café, ya estaba frio, levanté la vista y vi una mujer afuera: era delgada, espigada, esbelta, estaba parada mirando al cielo en el mismo lugar en que había muerto Emma, me turbó tanto que estuviera allí, en plena lluvia, sin paraguas. Me vi revuelto en un crisol de sensaciones ambivalentes, sentí celos porque ocupaba el lugar de mi Emma, pero al mismo tiempo me sentía cautivado por su figura, refulgía como una flor de plata, y parecía que un arcoíris jugaba a su alrededor. La contemplé por un buen rato, y no se movió un ápice, por cuanto decidí salir, me cubrí con el paraguas y fui a su encuentro.

_ ¿Estás bien? ¿No crees que te resfriarás si sigues así? _dije_ pero no me respondió, es más, ni siquiera se molestó en volverse hacia mí.

_ ¿Te puedo ayudar? Me llamo Mac, si deseas te puedo prestar mi paraguas_ insistí_ pero parecía que la lluvia le hubiera cortado la lengua y la expresión o peor aún, todos los sentidos, pues ni se inmutaba.

_ ¿Cómo te llamas?_ dije, pensando ya en volverme al café. Cuando parecía que mis intentos por ayudarla habían fracasado, susurró: “Julie”.
_ ¿Julie?           

_sí, me llamo Julie _ me respondió sin ninguna expresión en el rostro. Era hermosa, su rostro pálido se asemejaba a la suavidad del alba al besar los ojos. Sus labios, sus ojos, su nariz parecían ser mundos distintos, me perdía en cada uno de ellos.

Hacía mucho frio, no aguantaba un instante más, con precipitación tomé su mano para llevarla adentro y la sensación fue peor que abrazar un témpano de hielo, entonces tomé su rostro, no era diferente: ella parecía esculpida en nieve, estaba soberbiamente fría.

_ ¿Te sorprende? _ me dijo,
_ La verdad, sí, a esa temperatura otro hubiera sufrido de hipotermia
_ Vine por ti, tú me llamaste
_ Creo que te estas confundiendo de persona_ respondí atónito.
_ No es ninguna equivocación ¿Sabes quién soy?
_ Claro, te llamas Julie ¿Así te llamas, o no?
_Si me llamo así, pero te pregunté si sabias quien era yo.      
                              
De pronto se desenvolvió con tanta naturalidad, casi parecía que ella me hubiera encontrado a mí, y empezaba a sentirme así, extraño, como si ella conociera todo de mí, cuando juntó   sus manos con las mías sentí un calor irracional, toqué su rostro y para mi mayor desconcierto también estaba tibia, acogedora.

_Te dije que vengo por ti, porque hace tiempo sé que me odias, fue bajo mi regazo que perdiste a tu amada, pero que a pesar de todo te refugias en mí. Debes saber que hay una gota de lluvia para cada persona, y yo soy la tuya.

No podía creer lo que oía, estaba hablando con una gota de lluvia, vi por la ventana, todo lucia empañado, nadie nos veía, y no había una sola persona a nuestro alrededor.

_Deja que entre en tu corazón y deseche ese poso de agua negra que acumulas, que no te deja ser feliz, que no te deja superar la muerte de Emma, ella está muy bien y me pidió que te dijera que solo quiere que vuelvas a hacer tu vida, enamórate de nuevo, vive, disfruta nuevamente de la lluvia, disfruta de mí.

 Me parecía un vil juego todo lo que estaba pasando, un artilugio, alguien jugaba conmigo.

_ ¿Y Cómo sé que eres una gota de lluvia?_ pregunte con cierta incomodidad.

_Tranquilo, ya es hora_ me dijo_, tomó mi rostro con sus manos y sentí una corriente de luz por mi torrente sanguíneo “ya es hora de irme, pronto cesará la temporada, pero me podrás tener en cualquier lugar que contenga agua, hasta en tus lagrimas querido”. Acercó su rostro hacia mí, me dio un beso y comenzó a ascender y perderse en el cielo, resguardada por menguados rayos de sol que comenzaban a perforar las nubes.

Esa tarde, dejó de llover. Tomé mis cosas del café y salí con un aire diferente.  Esta suerte de serendipia me había devuelto el hálito, no era una aparición de una mujer que me dijera “yo soy la que va a estar toda la vida contigo” pero era una nueva esperanza, una nueva oportunidad de vivir. Decidí llegar a casa a pie, era un trayecto largo, en ese mismo instante me sentí tan inspirado, hace mucho tiempo había entrado en estío y dejado de escribir, de su nombre ensayé un acróstico.

              Jirones, solo jirones abrigo de este sueño
                Undívago, vacío, solo lleno de ti. Sobre mí                           
                 Leño un pájaro de papel canta, un cielo
                 Insomne riega albas taciturnas, los días
                 Esparcen nombres: de mi costado nace el tuyo.


…Al día siguiente dejó de llover.

imagen tomada de internet


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