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martes, 3 de noviembre de 2015


YO, CALABAZA
CRÓNICA de una  NOCHE de CACERÍA de  DULCES

Los primeros dulces que atravesaron mi boca fueron algo así  como la pluma de la noche que cae en el lago de los cisnes moribundos.

Sentí que alguien me despertaba del letargo, lo sentí por el rumor del polvo que volaba, allí, en la repisa de madera color marrón claro, donde guardan los libros, exactamente  en la esquina superior derecha. Apenas advertí el cálido asir de unas manos, afronté sentimientos ambivalentes: alegría y angustia. Por un instante creí que me desecharían o me usarían de  maceta _suerte que corrieron mis otras hermanas_ pero no, apenas noté la suavidad de un paño tibio supe que el día que más sentido tiene mi vida había llegado nuevamente: Halloween.

En realidad no tengo un nombre específico, a todas nos llaman calabaza, por consiguiente soy Calabaza como todas mis hermanas del globo. Soy made in Perú, hablo español _evidentemente_. Fui adquirido por una familia  de escasa condición   económica, sospecho que en el anaquel de las clases sociales eso lo ubica en: la  clase baja o clase "C" _pamplinas_. Pertenezco al niño llamado Carlitos de 11 años, y como la familia no dispone de recursos para cambiarnos cada año, este será mi tercer período consecutivo que los  acompañe.

Me  emocioné hasta el éxtasis al sentir el agüita tibia por mi piel de plástico, posteriormente fui puesta en la ventana, junto a   mis dos hermanas que también habían sido despertadas y acicaladas. Mientras disfrutábamos del calorcito de octubre tras permanecer en reposo por 365 días, papá  panchito llegó a casa:

_ Meche ¿Dijiste que faltaban solo  dos calabazas, no?
_sí cariño, ponlas en la ventana con las otras.

Ahora seríamos cinco. Entonces caí en la cuenta de que Marita, que el año pasado tenía tan solo dos añitos, hoy nos acompañaría en la aventura nocturna de pedir dulces.

La presentación con las nuevas hermanas  no fue tan amena como esperaba, se las veía envanecidas, quizá por ser nuevas, suele suceder, por cuanto decidí no fastidiarlas, estaba segura que para el día siguiente serían las primeras en establecer una charla _siempre pasa.
Cerca de las cinco de la tarde, papá Panchito ordenó a todos los hijos que terminaran de alistarse, que sino perderían los dulces.

Una de mis hermanas se fue con Mariela, la mayor de 15 años; mi otra hermana  con Grisa de 14; a mí como de costumbre me tocaba irme con Carlitos; una de la nuevas se fue con Sandrito de 7  y por último la que quedaba se fue con Marita. Todos los niños estaba disfrazados, por supuesto quien para mí se veía más lindo era Carlitos, su disfraz de pirata le caía tan bien, aunque  debo admitir que a Marita  se le veía muy encantadora vestida de abejita. Los papás solo tenían puesto sendas capas de vampiros. Sin más demora salimos a la calle.

Nosotros vivimos en el distrito de Santiago, cualquier ruta debía llevarnos a la plaza mayor, objetivo principal. Pasados algunos minutos de haber dejado la casa, los niños lucían mustios, su timidez no les había permitido entrar a ninguna tienda hasta ahora, pese a que otros niños lo hacían, entonces fue Mariela quien rompió el hielo al ingresar a una tienda por el puente de Almudena, le fue bien porque logró unos cuantos dulces.  A una cuadra de la iglesia de San Pedro, los niños  contagiados por el entusiasmo de la hermana mayor, decidieron tomar por asalto una tienda que tenía las puertas abiertas de par en par: “Halloween, caramelos, queremos caramelos señor”. Pero para mala fortuna tocamos la puerta equivocada, un anciano nos botó al instante: “no hay caramelos, váyanse a molestar a otro sitio carajo, jalowin, jalowin, satanás se los va a comer” por si fuera poco añadió, “donde están sus papás  con$%&$!”$%§.

Todos nos asustamos bárbaro, Marita se puso a llorar, y papá quien  había visto todo desde la puerta, quiso entrar a increpar al viejo, pero mamá Meche se opuso. Continuamos con nuestro periplo.


Seguíamos con   la tristeza cargando dentro de nosotras, en especial yo, hasta ahora solo la calabaza de Mariela  tenia dulces en la panza. Cuando  de pronto un samaritano nos llamó a todo el grupo, era un gringo. Sacó una bolsa de caramelos y empezó  a repartir, Carlitos  y yo esperamos a que sus hermanos reciban lo suyo, cuando nos abrieron paso solo quedaba la bolsa vacía. Todo  parecía que sería la única calabaza en llenarse únicamente de congoja y de las lágrimas de Carlitos que ya empezaban a anegar de sus ojitos de venado, amenazaban con caer como balas. Sin embargo el generoso hombre sacó otra bolsa de caramelos, y lo que siguió fue que los  primeros dulces que cayeron por mi boca fueron como la pluma de la noche que cae en el lago de los cisnes moribundos.  Hermosas melodías que repicaban contra mis paredes, sabía que el dulcísono golpe de las golosinas serian efímeros, pero querían todas dentro de mí. Vi los ojos de mi niño  que se encendían como fuegos artificiales.

Llegamos a la plaza mayor, estaba repleto  de disfraces, una pasarela de disfraces y desde luego vi otras calabazas de diferentes tamaños, colores y hasta diseños. A eso de las 9:30 ya retornábamos para la casa, todas estábamos llenas, incluso de monedas que algunos gringos  regalaban.
No crean que no estaba enterada. Sé que hoy también se celebró  el Día de la Canción Criolla. Para que pelear sobre cual fiesta optar, cada uno escoge lo que le hace feliz y como en mi familia también escuchan su música criolla, al ritmo de Eva Ayllon y otros artistas más  tomaron la cena, juntitos en la mesa.

Este secreto que tienes conmigo, nadie lo sabrá
Este secreto quedará escondido una eternidad….

¡Cómo cantaba mamá Meche mientras servía  el caldito de gallina!

De esta manera  fue  que pasamos una noche de cacería de dulces. Con la barriga llena y corazón contento, me permito acabar este cuento. Y como eres mi tesoro imposible no sumarme  al coro: te amo Perú, tierra de gloria. Yo, calabaza, es que por ti, que escribí esta historia.


               

1 comentarios:

Unknown dijo...

Acaso es posible que un objeto inanimado pueda hacer de algo que vivimos una experiencia y quizás uno de los mas grandes recuerdos que para un niño llamado Carlitos marco un hito en la historia de su vida?
Pues yo creo que si, en muchas ocasiones los objetos nos suelen traer mas recuerdos que una persona y esto va desde un peluche, un libro, hojas de papel, bufandas, almohadas yen tu caso una calabaza; pues en muchas ocasiones son estos objetos o cosas que traen a nuestra memoria recuerdos que quizás olvidamos o que quizás no quisimos ni queremos recordar; de ahí nace la frase creo yo "si las paredes pudieran hablar"
Tu calabacita en este caso cuenta una historia que desde el inicio me mantuvo a la expectativa de que si se llenaría o no de dulces y lo mas importante si su portador estaría feliz por ellos.
gracias por compartir un recuerdo bonito y mas a través de tu CALABAZA DE HALLOWEEN

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