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lunes, 12 de octubre de 2015

CRÓNICA

SERENDIPIA SOBRE MOJADO: LA MUSA DE CHICLAYO

Un pie fuera de la acera, La luz en rojo, los carros detenidos, mi corazón en taquicardia
_ Hola…
Un pie fuera de la acera, la luz en rojo, los carros detenidos, mi corazón en taquicardia
_ Hola, como estas…
Un pie fuera de la acera, La luz en rojo, los carros detenidos, mi corazón en taquicardia
_… soy de Chiclayo

La rutina  desde mi óptica no es tan mala como la gente piensa. Mi atrevo a ensayar que   ésta consigue que  hasta el ser más inútil del globo, prontamente con disciplina y constancia puede alcanzar la maestría anhelada, sea en una ocupación, especialidad profesional o  simples nimiedades que realice en su vida. Verbigracia: un  fiasco en la cama   que no es capaz de mantener  10  movimientos pélvicos al tener sexo, con unas sesiones rigurosas de entrenamiento, que consita en repeticiones _hecho de esta forma ya  seria una rutina _  en poco tiempo podría llegar a ser lo que conocemos como  una “metralleta”, un “eléctrico” o un “pipileptico”, o en términos menos adocenados un hombre con capacidad de satisfacer a su pareja. en poco tiempo o quizá más  _dependiendo de cual inútil  es_  lograría que  la amiga de la elasticidad prominente, ama y señora del “Monte de Venus” tire   la toalla.

Sin embargo,  algunas veces salir de la rutina podría servir para conocer algo nuevo o encontrarse con una  fortuna que no se imaginaba. En consecuencia el resultado sería el siguiente:
Eres expeditivo en lo que haces, y el cambio de rutina te permitió ser dueño de otra situación que dominaste con la receta ya antes mencionada, por ende  ya no serás experto solo en una materia sino en dos…_sucesivamente_. Y serás como yo _bromeo, bromeo_. Así queda demostrado que la rutina  bien empleada es sumamente provechosa.

Un día saliendo del entrenamiento decidí cambiar de rutina, y partí hacia Matará para tomar mi carro que me  lleve a  San Sebastián _ usualmente lo hago  de Limac Pampa_.

Para empezar  entreno los martes, jueves y sábados. Por cuanto mentiría si digo que esta historia novelable de menos de 20 minutos  ocurrió  por ejemplo “un inefable martes”. La verdad es que no recuerdo que día. Solo pasó  y es como sigue.

Cuando decidí cambiar de rutina, iba solo, viendo a todas las personas que iban y venían  por todos lados, muchos se miraban fortuitamente, unos con alegría otros con serenidad y no faltaba siempre los que no se caían mal a primer avista.  Me los imaginaba a todos en un frasco cual hormigas y yo viéndolos desde fuera. Yo estaba  contrariado, melancólico, ordenando palabras en mi mente. Había pasado poco tiempo desde  mi ruptura amorosa y  mi alter ego poético aprovechaba de esos momentos para sonsacar  de mi dolor algunos poemas lacrimógenos y otros  que no caben en esta historia  _por ahora.

Llegué  a Matará con Ayacucho _exactamente  en la esquina_, esperaba que el semáforo peatonal cambie a verde para cruzar. Fueron  los 30 segundos más largos que pude haber esperado un cambio de luz. Mi habilidad de ver en una  rotación de unos cuantos grados  más que la gente normal me permitió darme cuenta que  del lado izquierdo alguien me miraba sin soltarme ni cuando parpadeaba.
Volví un poco la cabeza como quien  mira otro sitio y era una señorita hermosa en toda la extensión de la palabra. Ella seguía mirándome con inquietud.
_ Mi vida no me mires así que me siento desnudo _me decía a mí mismo_.
 Ella seguía y seguía.
_ me parece o me está violando con la mirada_ me volví a decir, esbozando una media sonrisa _

Volví nuevamente la cabeza y vi que se aproximaba hacia mí con cierta duda.               
_carajo, creo que  escucho lo que  pensaba _ esta vez pensé  asustado.

Pronto  un sonido melifluo despertó mi excitación, era su voz. Era bonita, muy bonita, sus labios de fresa virgen se abrieron para decirme.
_ Hola, buenas noches, una pregunta por favor.
_hola, como estas, en que te puedo ayudar _dije_. Aunque  dentro de mi decía “lo que tú quieras mi amor”.
_ quiero llegar a la Plaza de Armas, y siento que me perdí.
Sé que la forma correcta es Plaza Mayor, pero que más daba, sabía a qué se refería.
_ ummm. Puedes ir por esta avenida, hasta llegar al fondo. Llegarás a la avenida el sol, subes…_ explique algo así.
_bueno no parece complicado
_ Aunque puedes ir también por aquí _dije indicando hacia la calle Matará.
Y tomando una bocanada de aire, añadí:
_ yo voy hacia allá, si deseas te puedo acompañar.
Me sonrió y quedé  vergonzosamente  embobado, atípico en mí.
_ Muchas gracias.
_Entonces vamos _ dije_. Además añadí.
_Por lo visto no eres de aquí.                                                                                                          
_No. Soy de Chiclayo
_ ¡De Chiclayo! Caramba sé  por amigos que es una ciudad hermosa _ mentira, en el fondo de Chiclayo solo conocía  la capital.
_y tú parece que vas a hacer deporte, lo digo por la maleta _me dijo.
_ Soy karateca, acabo de salir del entrenamiento,  así que estas segura conmigo, al menos hasta que nos despidamos – no sé cómo rayos pero dije así.
_que lindo _ dijo, la sentí nerviosa_ vengo de viaje de promoción y bueno me separé de mi grupo, nos reuniremos en la plaza.
Llegamos a la esquina de Matará con Calle Nueva. Y no podía perder la posibilidad de dejarla así sin más, no sin nervios le propuse acompañarla hasta la otra esquina con av. El Sol.  A lo que ella acepto con mucha gratitud.
_ Algún día quizá vaya a Chiclayo por algún campeonato, seguro que necesitaré de  alguien que me oriente, además acabo de conocer a una amiga, no tienes de qué _ respondí a su gratitud.
 Hablamos y hablamos, sentimos una conexión increíble, hasta podría pensar que se trató de una  limerencia. En un momento nos pegamos tanto por la estrechez de la vereda. Ninguno de los dos sentimos alguna incomodidad.

Llegamos al lugar, esta vez creí que debía dejarla allí. Cruzamos últimas palabras. Ella de agradecimiento y yo de anfitrión de  la Ciudad Imperial.
Repito, la conexión fue instantánea desde un inicio  que  la despedida  vino con un ósculo celestial que vibró sobre mi rostro y un abrazo, acto seguido.

Hubiera querido terminar esta crónica que solo me pasa a mí,  diciendo que “al menos me quedé con el perfume de su nombre que acelera mis latidos cada vez que la recuerdo, y que la floresta  de pasión de mis entrañas emerge por mis poros, envenenándome  a cometer una locura de amor de a primeva vista” pero no. No sé si nos distrajimos tanto o fue la depravación del destino que quiso que fuera así. Ninguno de los dos preguntamos por nuestros nombres.
No suelo hablar groserías, pero si las conozco y las pienso
_carajo, timorato que me pasó, por qué no pregunte su nombre.  Me reproché en tanto  la delgadez de su espalda espigada se alejaba de mis pupilas.
 Quería alcanzarla y preguntarle su nombre y  por ultimo su Facebook _ no importaba si tuviera novio _ seriamos felices los tres.

Este poeta amante de cielo raso, loco, bohemio, astuto, a veces tonto, _ y una infinita cola india de calificativos _ siempre anda enamorado, pero como profeso, “enamorarse es de mortales” así que no es algo que me preocupa cuando me paso algo así, para mí es un sentimiento constante, tan natural y normal  como dormir y comer.    Estoy en la búsqueda de otra definición más profunda que ésta tan trivializada palabrita.

Pero quedé con un  dolor inquieto en mi  veleta corazón. Con esta quizá hubiera sido la vez número “perdí la cuenta” que me enamoro a primera vista. Pero fue especial.
No pude verla venir, pero se veía tan hermosa  cuando se iba que inspiró que lo escribiera.  Esto sucedió unos años atrás y sé que pasaran quien sabe siglos. Probablemente ambos nos casemos ese mismo día, ambos tengamos la misma cantidad de  hijos, no sé cuál de los dos muera primero, y solo quizá alguna vez ella recuerde como yo esta anécdota, pero estoy seguro que jamás  se imaginará que  la dediqué estas líneas superfluas.  A sabiendas  que nunca más volveré a verla.



MAC MONTES CABALLERO
                                                                                                                                                   


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