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domingo, 22 de noviembre de 2015

CARTA Y POEMA PARA WENDY*:
 DELIRIOS DE CÁLAMO DE LUNA EN EL LAGO DE LIRIOS

INSTRUCCIONES PARA LEER: * Wendy podría ser un nombre inventado, o no.
Lo que el culto lector debe saber, y apremia la moral de hacer conocer es que este es un caso de la vida real que persigue a este servidor, que por razones que no existen razones se cambiará el escenario de los hechos, entonces es como sigue.

foto tomada de internet

Lo primero y si la memoria de hostia no me falla lo último que vi de ti, fue tu espalda: una espalda finísima como el filo de una espada que refulgía detrás de tu vestido transparente de flores, por esa dolorosa parte de tu cuerpo el tiempo se deslizaba lentamente, todas las estaciones rodaban como por un arcoíris, una espalda tallada por cien de cantos de sirenas.

Tu cabello caía sobre ella como burbujas de nubes por una cascada de agua de hojas de primavera, esa cabellera con el misticismo de la madre, invitaba a mis ojos a transfigurarse en golondrinas y perderse por la espesura de tu natura.

Tu cintura, un manantial duro de vino tinto, que calzaba en mis labios a la perfección… _pensándolo bien la descripción de esa parte tan celestial y apasionante  de tu cuerpo la reservaré solo para mi_, pero allí, donde estabas sentada, lucías soberbiamente altiva, tu venustidad se respiraba en el aire.

De pronto volteaste lentamente, toda tú. No era el rostro más bello del lugar, había visto rostros más bellos, pero a mis ojos eras el retrato diáfano de la perfección, esculpida por las brisas de miles de Marías _ un rostro perfecto para mí, es aquel que me inspira escribir, da igual si virtuosa o no_. Tu mirada de diamante bruñido, tus ojos de venado haciendo cabriolas  en los prados de la luna, esa expresión de dulzura, candidez y lascivia al mismo tiempo me estrujaron, me hicieron polvo, hubiera querido cubrirte de mí, pero era como si una fuerza mayor me detuviera, hasta ahora ignoro qué.

Para mí, es imposible no escribir todas las emociones que me llevan al pénsil del deseo, pero como dije al inicio, por esta vez me reservo a ventilar el lugar exacto de nuestros encuentros que no fueron encuentro más que de miradas y voces ahogadas, además porque desde alguna parte de esta ciudad o el globo, sospecho que hubieras querido que fuera así, y el escenario ficticio es el siguiente sin alterar la historia_ ojalá.
Al menos dos veces por semana, suelo ir a la biblioteca más suntuosa del pueblo, un paraíso terrestre: tiene salas del tamaño de medio estadio de únicamente libros, otra de juegos, otra de parques temáticos, y más espacios recreativos-educativos.

La primera vez que te vi, que vi tu alma en tu espalda, estabas acompañada de tu soledad, sentada en un cubo, jugando a desatar los nudos de unas lianas _un juego de la sala_. Después de quedar inmóvil en movimiento, no pasó nada extraordinario ese día.

Precisamente por esas fechas, contratiempos universitarios no permitieron que fuera por dos semanas siguientes, a la tercera fui tan temprano como pude, después de clases, entre las 7 menos 10 aproximadamente, y allí estabas otra vez.

Me asenté a armar unos cubos que me sirvieran de mesa para tratar de leer, digo tratar porque apenas te vi no hice más que observarte y el cubo y esas cosas pasaron a segundo plano.
Pasado unos minutos, advertí que intentabas mover unas barras que parecían muy pesadas para una flor como tú, sin pensarlo un segundo, recuerdo que te ofrecí ayuda, mas tu reacción de cierta sorpresa me desconcertó, luego sonreíste y un hálito de luz   avivó mis latidos, esbocé una sonrisa forzada y no hice más que retirarme sin musitar ni una sola palabra.

A la siguiente semana volví, y siempre tan puntual ya estabas allí, distraída en tus concentraciones. Ambos, cada ciertos momentos nos mirábamos furtivamente como gavilán y paloma, pero ni tu no yo cruzamos mensaje alguno, pese a que se presentó más de una oportunidad, sucedió lo mismo la semana siguiente.
Una semana próxima, cuando llegué, no estabas. Un sentimiento de flecha en el corazón provocó un temblor mis pies, y un frio helado bajaba por dentro de mi sien como corrientes violentas de dos ríos juntos, en el medio estaba yo. Cuando empezaba a arrepentirme por mi cobardía de no haberte hablado, llegaste, me viste y viraste violentamente la mirada.  Ese día nuestros ojos solo se estrellaron una vez, luego te vi partir, mis ojos se prendieron como imanes a los prendedores de tu brasier que sostenían tus capullos de nieve _ pido perdón si no se llaman prendedores, arranqué miles mas no hurgué en los detalles_.  Contemplé tu espalda una vez más sin imaginar que decía “adiós”.

Conté los días para volver. Cuando al fin con la vanidosa intención de llegar nuevamente primero fui más temprano, mas ese día no llegó ni una pluma tuya. Lo mismo sucedió las siguientes veces, desapareciste así sin más. Con el corazón sosteniéndose de mis labios  escudriñaba cada espacio pero  no te hallaba, te olía; te buscaba en el aire, en los libros, en los juegos, en mis bolsillos, en las miradas de los desconocidos pero no, pero no, pero no estabas, hasta ahora voy a cumplir con mu rutina  con la tibia esperanza de volverte a ver.

Tiempo después, gracias a mis inquisiciones supe que te llamabas Wendy, una dulce mujer me dijo: “no la conozco pero sé que se llama, Wendy”.

Un día, después de clases caminaba con dirección a casa únicamente en compañía de mi sombra, gracias a la indulgencia de los alumbrados nocturnos. Me detuve, era luna llena, vi tu espalda en ella y en ella te escribí este poema.
Una torva de lunas negras
Caen como cuervos heridos
Sobre el espacio sin fondo de tu espalda,
Una bandada de arcoíris invade la noche blanca
Más blanca que la piel de todas las albas.
Tu cuerpo, ultima hoja en el sueño de otoño
Yace ingrávida en mis manos, duerme eterna
Como fénix enamorado de sus cenizas.
Tu cuerpo es mío, tus sueños en tus sueños,
Tus noches en vela, tu Pegaso,
Tu verde monte de venus a flor de invierno. Más no te tengo.
La lluvia no tiene voz propia,
Solo repite lo que dices,
Miles de voces no dicen nada, solo es ruido,
Golpe de fantasmas sobre mi sombra.
Soy más de uno en tus ojos, uno más en tus ojos
Y entre miles de ojos en los míos solo vives tú.
Te busco, como paz en guerra,
Para saber si existes,
                                                                En los cabellos del pasado          
Buscando alguna huella tuya,
Más me pierdo en las arenas movedizas.
Mi todo te   busca: mi nada, mis lágrimas,
Todo y nada, nada y todo.
Te buscan mis cartas al rumor del viento,
Más mueren de sed al caer el día.
Los pájaros juegan con los pedazos de la noche
Y los míos, mis pedazos, mueren con el mar:
Cenizas del tiempo, tiempo de cenizas.
                      
Wendy, dispensa el atrevimiento, no me culpes, no te culpes, culpa a tu Dios, que yo ya hice al mío. El culpable soy yo y él: me hizo de barro rojo, papel y tinta y me bautizo con lágrimas de un ejército de cupidos.  Solo Ansío una cosa: que vuelvas a mí una vez más. No importa si sola o acompañada, aunque mis manos deseaban sudar junto a las tuyas en un paseo diurno por la luna, no se puede hacer más nada si tu espalda ya sirve de lienzo para otras caricias _jamás peleo por una mujer_. No importa si tus labios amarantos mordieron otros cuellos, no importa nada. Solo quiero terminar de escribir el final de esta historia y abrir las puertas de otra.
Se despide tu recitador sombrero golondrina: MAC MONTES.

                                                                                                                                                                      

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