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domingo, 20 de diciembre de 2015

RAZONES PARA PRACTICAR KARATE


RAZONES PARA PRACTICAR KARATE


Estos son solo algunas de las razones por las cuales se recomienda practicar karate.


PLANIFICACIÓN DE PROYECTOS SOCIALES

PLANIFICACIÓN DE PROYECTOS SOCIALES


En la planificación de proyectos relacionados a  Comunicación para el Desarrollo, se deben responder ciertas preguntas, éstas nos ayudaran a orientarnos en el curso de las etapas que integran un proyecto social.



domingo, 13 de diciembre de 2015

ESTRUCTURA DE LA NOTICIA



ESTRUCTURA DE LA NOTICIA

Seguramente  a la mayoría de estudiantes de periodismo o dedicados a esta profesión se les ha dicho que las noticias se deben trabajar en forma  de la "pirámide invertida". Si bien es cierto que es la más clásica, en esa oportunidad les presento dos nuevas estructuras que se puede aplicar dependiendo a la historia que se quiere narrar.









domingo, 6 de diciembre de 2015

CANDIDATOS PRESIDENCIALES 2016: LOS FAVORITOS Y LOS ANÓNIMOS

CANDIDATOS PRESIDENCIALES 2016

el 10 de abril de del 2016 se realizarán las elecciones para elegir al presidente que gobernará durante el periodo 2016_2021. Son 13 los candidatos, algunos ya gozan del baño de popularidad y se disputan la cúspide de las encuestas, tales como ellos:




Caso contrario sucede con los siguientes, Ellos  aún luchan por salir de la fosa del anonimato,  ellos son :



CARTA A JULIE: UNA GOTA DE LLUVIA INMARCESIBLE

CARTA A JULIE:

UNA GOTA DE LLUVIA INMARCESIBLE

En ese momento descubrí que de la combinación de rojo con el agua también puede obtenerse el color gris. Ella estaba allí, tendida debajo de un techo de lluvia. Su sangre salpicada a su alrededor parecía una cama de rosas derramadas, sobre ella yacía solemne, hasta en la orilla de la muerte: mi dulce Emma.

Horas antes habíamos salidos de un performance artístico a cargo de un colectivo que se hacía llamar “Imperio Artista”, una agrupación integrada por jóvenes que hacían de los talentos individuales de sus integrantes una forma de herramienta para realizar ayuda social, al mismo tiempo que exponían sus trabajos artísticos, que era su esencia, o algo así fue lo que entendí cuando se presentaron en su exposición.

Esa tarde llovía intensamente, pareciera que el cielo tuviera grietas y se derramaba a gritos el agua que contenía.  Pero no era impedimento para nosotros, a ambos nos fascinaba la lluvia y decidimos caminar cogidos de la mano, compartiendo un solo paraguas.

Pasamos parques, colegios, cafeterías y más. Teníamos literalmente el mundo solo para los dos, las personas estaban regocijadas en cualquier parte que tuviera techo, mientras nosotros aprovechábamos quizá el único momento en que no tuviéramos que chocar en el tumulto con otras personas, éramos libres. Las personas nos miraban como bichos raros, nos daba igual, si hiciéramos caso a las conjeturas y miradas extrañas, cuántas cosas nos perderíamos los seres humanos. Nos dirigíamos a nuestro hogar, un pequeño departamento, pero lo suficientemente grande para dos tortolos enamorados: para el amor, las reuniones, las discusiones y las resoluciones de conflictos que terminaban siempre en arrebatamientos de pasión.

Luego de un tiempo de caminata bajo el cielo agujereado, caímos a la avenida Las Culturas, la lluvia se veía trémula, en un solo ritmo, monótona. De pronto llegamos a nuestro café favorito, por la ventana empañada  con dificultad se apreciaba unas cuantas personas refugiándose en tazas de bebidas calientes acompañadas de una variedad de pasteles: especialidad de la casa.

Le pregunte si quería que nosotros también descansáramos un momento, que si era suficiente por hoy de travesuras. Ella presionó fuertemente mi brazo como diciéndome que no quería, pero yo insistí, esta vez le propuse comprar unos pasteles para llevar a casa.

_ya que insistes. Me obligarás a preparar un café, pero todo sea porque te amo, ve, adelante, te espero_ respondió_ con su típica sonrisa blanda que me enamoró desde la primera vez.

Así fue, la dejé en el mismo sitio donde nos detuvimos, cubriéndose con el paraguas que estoicamente soportaba las bofetadas del viento. Unos minutos después, cuando recibía los dos soles de mi vuelto, un golpe en seco se oyó desde afuera. Giré violentamente mi mirada hacia ella: un paraguas negro bailaba en el aire, ensayando unos movimientos atípicos, como si no dominara aun el ritmo del nuevo son que empezaba a marcar la lluvia, era una música lóbrega y hermosa a la vez, como cantos de cisnes, como cantos de sirenas, como la lira de los ángeles, y al paraguas comenzaba a descender como una pluma en sus primeros días de clases.
imagen tomada de Internet



Cuando cayó por fin, me estremecí, Emma había desparecido del cuadro de la ventana, dejé todo y corrí a la puerta, lo que vi después lo sentí como si una ola gigantesca me cayera del cielo y me hiciera pedazos, y más pedazos de mis pedazos hasta quedar hecho lodo.

Mi Emma, mi dulce Emma agonizaba, la lluvia caía sobre ella como quien se apiadara y tratara de revivirla como a una marchita flor, como si cada gota le dijera “aguanta, qué será de Mac sin ti” en definitiva era cierto. Qué sería de mí sin ella.

La tenía en mis brazos, gritaba hasta sentir sangrar mi garganta, pero la lluvia que en ese momento acrecentaba en intensidad, censuraba mis intentos por pedir ayuda, mi desesperación. Mientras su cuerpo imperceptiblemente aún caliente, se distinguía de la gélida piel de la tarde de aguacero.
Advertí que lloraba, sus lágrimas no se confundían con la lluvia, sus lágrimas eran diáfanas como gotas de diamantes. Sentí una gran culpa, el pecho se me infestaba de abejas asesinas. “si no hubiera insistido con detenernos, no estaría pasando esto” _pensaba en voz alta.

Sus brazos languidecieron, sus cabellos dejaron de respirar, sus ojos comenzaban a marchitarse, sus labios comenzaron a perder su color, su piel se mimetizaba con las nubes, al final, todo su cuerpo murió, recostada en mis brazos, mientras yo también moría en vida.

Esta vez mis gritos rompieron la alharaca de la lluvia. Todos corrían hacia la escena, tenían los rostros crispados, algunos se desesperaban, otros gritaban, uno que otro parecía que intentaba llamar a alguien. De pronto traspuse la mirada a mi derecha: allí estaba él, el asesino, tendido en el piso; su auto estaba empotrado en la esquina de la farmacia. Mis ojos se clavaron en su cuerpo adiposo, si hubiera podido arderlo con la mirada no hubiera dudado, qué me importaba si esa mierda estuviera muerto. Estaba fuera de mí, quería levantar su cuerpo y volverlo a matar, mis ojos se perdían entre él y mi amada, entre mi amada y él. Cuando sentí una mano en el hombro: era un bombero.

Desde ese día odiaba la lluvia con todas mis fuerzas, me parecían lágrimas cínicas de un cielo sin corazón o del que se esconde detrás. La odiaba más porque ni cuando tuve que enterrarla dejó de caer sobre mí, musitando en mis hombros mi tragedia, burlándose; porque resulta que el maldito que la atropelló estaba en estado de ebriedad, y perdió el control por la lluvia _ eso arrojó las investigaciones_; porque sus padres me recriminaron el haber permitido que caminara por la lluvia, hasta los míos lo hicieron.  Parecía que en todas mis desgracias ella, la lluvia, estuviera presente. Lo contradictorio era que cuanto más la odiaba más me gustaba caminar bajo ella, pensaba que así tal vez podría encontrarme con Emma. Y al parecer tendría que vivir con la lluvia mucho tiempo más, pues los pronósticos indicaron que continuaría al menos por medio año.

imagen tomada de Internet
Dos meses después de lo sucedido, salía del trabajo que había conseguido en una universidad particular como docente de Lengua y Literatura. Era diciembre, faltaba dos días para Navidad. Llovía, decidí recorrer el mismo camino del día de mi tragedia, así que me dirigí a la puerta de la exposición, era lógico que estuviera cerrada. A partir de allí caminé por cada lugar que recorrimos ese día, cada pisada, cada parada, hasta llegar al café.  Divisé por la ventana, había gente como esa vez. Me detuve un largo rato recreando cada imagen, tratando de imaginar otro final. De pronto me dio unas ganas incontrolables de entrar, quería volver a la escena desde adentro y así lo hice: pedí un café con un Pie de Fresa y me ubiqué en una mesa junto a la ventana.

Sin sorber gota alguna, solo comiendo el Pie me sumergí en la lectura de una antología de poesía, sospecho haberme ausentado al menos media hora.  Un relámpago que detonó cerca me hizo despertar, cogí el café, ya estaba frio, levanté la vista y vi una mujer afuera: era delgada, espigada, esbelta, estaba parada mirando al cielo en el mismo lugar en que había muerto Emma, me turbó tanto que estuviera allí, en plena lluvia, sin paraguas. Me vi revuelto en un crisol de sensaciones ambivalentes, sentí celos porque ocupaba el lugar de mi Emma, pero al mismo tiempo me sentía cautivado por su figura, refulgía como una flor de plata, y parecía que un arcoíris jugaba a su alrededor. La contemplé por un buen rato, y no se movió un ápice, por cuanto decidí salir, me cubrí con el paraguas y fui a su encuentro.

_ ¿Estás bien? ¿No crees que te resfriarás si sigues así? _dije_ pero no me respondió, es más, ni siquiera se molestó en volverse hacia mí.

_ ¿Te puedo ayudar? Me llamo Mac, si deseas te puedo prestar mi paraguas_ insistí_ pero parecía que la lluvia le hubiera cortado la lengua y la expresión o peor aún, todos los sentidos, pues ni se inmutaba.

_ ¿Cómo te llamas?_ dije, pensando ya en volverme al café. Cuando parecía que mis intentos por ayudarla habían fracasado, susurró: “Julie”.
_ ¿Julie?           

_sí, me llamo Julie _ me respondió sin ninguna expresión en el rostro. Era hermosa, su rostro pálido se asemejaba a la suavidad del alba al besar los ojos. Sus labios, sus ojos, su nariz parecían ser mundos distintos, me perdía en cada uno de ellos.

Hacía mucho frio, no aguantaba un instante más, con precipitación tomé su mano para llevarla adentro y la sensación fue peor que abrazar un témpano de hielo, entonces tomé su rostro, no era diferente: ella parecía esculpida en nieve, estaba soberbiamente fría.

_ ¿Te sorprende? _ me dijo,
_ La verdad, sí, a esa temperatura otro hubiera sufrido de hipotermia
_ Vine por ti, tú me llamaste
_ Creo que te estas confundiendo de persona_ respondí atónito.
_ No es ninguna equivocación ¿Sabes quién soy?
_ Claro, te llamas Julie ¿Así te llamas, o no?
_Si me llamo así, pero te pregunté si sabias quien era yo.      
                              
De pronto se desenvolvió con tanta naturalidad, casi parecía que ella me hubiera encontrado a mí, y empezaba a sentirme así, extraño, como si ella conociera todo de mí, cuando juntó   sus manos con las mías sentí un calor irracional, toqué su rostro y para mi mayor desconcierto también estaba tibia, acogedora.

_Te dije que vengo por ti, porque hace tiempo sé que me odias, fue bajo mi regazo que perdiste a tu amada, pero que a pesar de todo te refugias en mí. Debes saber que hay una gota de lluvia para cada persona, y yo soy la tuya.

No podía creer lo que oía, estaba hablando con una gota de lluvia, vi por la ventana, todo lucia empañado, nadie nos veía, y no había una sola persona a nuestro alrededor.

_Deja que entre en tu corazón y deseche ese poso de agua negra que acumulas, que no te deja ser feliz, que no te deja superar la muerte de Emma, ella está muy bien y me pidió que te dijera que solo quiere que vuelvas a hacer tu vida, enamórate de nuevo, vive, disfruta nuevamente de la lluvia, disfruta de mí.

 Me parecía un vil juego todo lo que estaba pasando, un artilugio, alguien jugaba conmigo.

_ ¿Y Cómo sé que eres una gota de lluvia?_ pregunte con cierta incomodidad.

_Tranquilo, ya es hora_ me dijo_, tomó mi rostro con sus manos y sentí una corriente de luz por mi torrente sanguíneo “ya es hora de irme, pronto cesará la temporada, pero me podrás tener en cualquier lugar que contenga agua, hasta en tus lagrimas querido”. Acercó su rostro hacia mí, me dio un beso y comenzó a ascender y perderse en el cielo, resguardada por menguados rayos de sol que comenzaban a perforar las nubes.

Esa tarde, dejó de llover. Tomé mis cosas del café y salí con un aire diferente.  Esta suerte de serendipia me había devuelto el hálito, no era una aparición de una mujer que me dijera “yo soy la que va a estar toda la vida contigo” pero era una nueva esperanza, una nueva oportunidad de vivir. Decidí llegar a casa a pie, era un trayecto largo, en ese mismo instante me sentí tan inspirado, hace mucho tiempo había entrado en estío y dejado de escribir, de su nombre ensayé un acróstico.

              Jirones, solo jirones abrigo de este sueño
                Undívago, vacío, solo lleno de ti. Sobre mí                           
                 Leño un pájaro de papel canta, un cielo
                 Insomne riega albas taciturnas, los días
                 Esparcen nombres: de mi costado nace el tuyo.


…Al día siguiente dejó de llover.

imagen tomada de internet


domingo, 29 de noviembre de 2015


CARTA A PALOMA:

                    LIRIO SOBRE LIRIO


De pronto la ventana se abrió y las hojas de los poemas comenzaron a alzar vuelo, rozando su rostro como alas de palomas desorientadas, todo en la isla de su cama. Lo inexplicable fue que después de haber recuperado la lucidez, estas seguían invadiendo la habitación que no se decidía si estar entre la noche o el alba, se perdían por la ventana, se metían por los escombros de las sombras o se tatuaban a las paredes y desaparecían en el acto. Cuando todo pasó, se sobresaltó, desenredó su cuerpo, le dolía la cabeza, vio la hora: faltaban 10 minutos para las 6.         
    
Aun con el peso plúmbeo de las cejas, hizo memoria de cómo es que había amanecido en tal estado. Esa noche como el álbum completo de  otras pasadas, se había pasado leyendo poemas a Valeria, hasta que quedara sumida en el sueño profundo y no respondiera a la respuesta religiosa “¿Estas despierta?”.

Desde que se conocieron en una fiesta, organizado por su amigo pintor, las conversaciones infinitas hasta cerca de las dos de la mañana se fueron haciendo la rutina obligatoria de las noches.

Un viernes, a último momento, recordó que un viejo amigo le había invitado a asistir a una fiesta que organizaría como parte de la presentación de su nueva colección de pintura. Estaba por inventarse una buena excusa para    no asistir; pues no solo ya tenía planeado una cita a ciegas con una “Mujer rosa” que complacería sus instintos de literato solitario, sino que detestaba los lugares artísticos con un montón de gentes seudoanalizando expresiones artísticas, cuando en el fondo no les importaba en lo absoluto, cuando en realidad les resbalaba lo que sus ojos veían, pues no valoraban el arte sino el espectáculo creado a raíz de ello.

Pero todo salió mal. Cuando apenas estaba maquinando la excusa, una llamada desorbitó su concentración. Era él, su amigo, llamando para recodarle que era el invitado especial de la festejo. De modo que no tuvo otra más que decir:       “Estoy en camino”.

Fue así que casi al finalizar la reunión conoció a Valeria. Ella entraba mientras todos salían _la ceremonia había concluido.

La vio ingresar, y no despegó los ojos de ella, al mismo tiempo que intentaba descifrar los cuadros surrealistas de su amigo. Era hermosa, una cabellera frondosa, undosa, parecía que cargaba la madre selva. Su escote   bien decidido, no era muy exagerado, dejaba apreciar el temblorcito de sus senos en cada paso. Ni que decir de las piernas y los muslos, parecían columnas de luz sosteniendo al cielo y la tierra, se preguntaba cómo es que esa frágil cintura, tallada a la imagen y semejanza de dos medias lunas podían sostener esos monumentos de lujuria.

Al mismo tiempo surgía otra  pregunta, ¿en qué posiciones es que los padres  fecundaron esa efigie de venustidad? Era necesario saber para comunicar al mundo y establecer como reglamento universal en los coitos celebrados a fecundar. 

Todos esos atributos venían envueltos en un vestido negro muy ceñido al cuerpo, con unos tacones rojos, que lucían como la cereza del pastel.

Sintió que era la oportunidad, bajo ningún concepto podría ser desaprovechado, el terreno parecía favorable, el ambiente estaba vacío, solo su amigo discutiendo en un rincón con los últimos invitados.
Como no se movía de uno de los cuadros, unos metros más allá, decidió por acercarse:

_ ¿Qué le gusta tanto de ese cuadro que parece que estaría sufriendo en desnudarlo? _preguntó_. Si sigue así perderá los ojos.

_ Es cierto, no se deja desnudar con facilidad, no importa perder los ojos, quiero entender que esconde esa ropa vieja_ respondió ella.

Era una respuesta inteligente, que le advertía que era una muy mujer especial.

No perderemos el tiempo explicando el por qué, pero cayeron en coma de una extraordinaria química, sin moverse del lugar platicaron olvidándose del mundo, sin darse cuenta salieron del local a  concluir la conversación  afuera, al amparo de la luna. La hipnosis mutua fue tan intensa que él olvido hasta de despedirse de su amigo. En efecto, terminaron en un parque, se llamaba San Cristóbal. Se quedaron una horas más, sin embargo ella era muy cautelosa con sus informaciones que él no le saco más que su número del  celular.

Planearon volverse a ver en el transcurso de la semana, cada uno se fue como llegó.

Pasados 6 días, él la llamó con cierto escalofrío, a decir verdad quiso llamarla apenas al día siguiente pero temía parecer precipitado, por cuanto esperó. Cuando ella contestó sintió en su ser el efecto de un torrente de vino   por cada rincón de su cuerpo. De pronto se transformó en un trago amargo cuando ella le dijo que no podían verse, por encontrarse fuera de la ciudad por motivos laborales.

Entonces, todo cambió, un océano de celos lo revolcaba y lo sumergía hasta sus profundidades. Solo sintió embalsamado su dolor cuando ella le propuso hablar para concretar una cita, apenas llegara. Propuesta que no hizo más que asentir.

Pasado el tiempo indicado, volvió a llamarla. Valeria respondió que no podía ser hoy y que la llamara mañana por la noche, sintió que el sol habitaba en su pecho pero no le quedó que asentir nuevamente.
 A la noche siguiente, la llamó con cierto nerviosismo, cerca de las 10. Valeria contestó con una dulzura asfixiante. Conversaron de todo. Cuando cerca de las 2 de la mañana se dio cuenta que mientras él hablaba, ella parecía no tener reacción, entonces supo que se había quedado dormida. Un golpe de felicidad estalló en su vientre como fuegos artificiales a base de estrellas.

La noche siguiente la comunicó a esa misma hora. Conversaron de lo sucedido: “tu voz me da calma, me da seguridad para dormir tranquila _ dijo ella_. Era demasiada respuesta para él. Se estaba enamorando y con vehemencia pura.

La semana siguiente y la otra, y la otra, hasta caer un mes, el ritual de las conversaciones se hacían habituales.

A él no le importaba dormir solo dos horas antes de ir al trabajo _ enseñaba literatura en la universidad nacional_ llegaba ojeroso, ido, con aires de indulgente_. Todas sus clases consistían en escribir lo que fuere pero siempre conteniendo el nombre “Valeria”.

Ya habían transcurrido dos meses de hablar noches enteras y no verse siquiera un minuto.

_Hasta cuando seguiremos así, se le ocurrió preguntar un día.

_hasta que al menos un solo árbol del parque en que nos vimos no sea despojado de sus hojas por los lazos de otoño, respondió ella, como siempre tan esquiva.

Ser profesor era su parte complementaria. De profesión y oficio era poeta y escritor, vale decir muy apreciado en el medio.  Impulsado por la desesperación empezó a jugarse sus últimas cartas. Decidió empezar a leer para ella todos los escritos inéditos que esperaban ser publicados muy pronto.

_ Me encantan tus poemas, creo que me estas enamorando, sobre todo me encanta oír gajos de tu voz a la orilla de mis sueños, le dijo ella un día.

_Me alegra que te guste _dijo él_ pero ya vamos 4 meses que solo hablamos por el teléfono, mas no nos hemos visto un solo día siquiera.   Debo confesarte que estoy enamorado de ti, tu imagen esta en todo lo que hago. Mis poemas tienen tus formas. Todos los días te desnudo, te hago el amor pero solo en mi mente, te deseo, entiendes. Me estoy volviendo loco.  Debemos vernos _ sentenció.

_No te apresures galán, de mi cáliz no se bebe así nada más _ refirió con firmeza.

Había transcurrido un mes, cuando antes de empezar con la lectura obligada de los poemas, ella interrumpió.

_sabes, he estado pensado en lo que dijiste, y sí, quiero que nos veamos, ya es hora.

A él se le humedecieron las manos, triturando los poemas en el mar de sudor y ahogando las letras  verso a verso.

Entonces esa noche, más que nunca cuidó cada detalle de las cosas que decía y de los poemas que leía, temía que un solo error la haga cambiar de opinión. Cuando advirtió que se había quedado dormida puso el resto de las hojas como cabecera y empezó a imaginar el encuentro de mañana.

Así fue que cuando despertó, experimentó el inexplicable hecho de las palomas, faltaban 10 minutos para las 6. Por esa época, aún era noche. Se apresuró para ir a la universidad, ese día, uso el pretexto de achaques de salud y suspendió las clases para darse el tiempo de planificar todo.

Habían quedado en verse a las 8:00, en casa de Valeria. Cuando al medio día le llegó la dirección a través de un mensaje. No pudo creer que vivía a una cuadra de ella.

Anticipó todo, se bañó hasta frotarse los huesos, se afeitó, se echó el perfume favorito que únicamente se aplicaba para las presentaciones de sus libros. Cuando todo parecía estar listo vio la hora, faltaba poco menos de una hora, por lo que decidió   sentarse en el sofá a seguir proyectando los hechos futuros.


Despertó alarmado, faltaban 15 minutos. Salió tan aprisa que llegó en tan solo 5. Cuando ella abrió, se perdió en su cuerpo, se había vestido muy hermosa, contraste total de su estilo de poeta, sus ojos se perdieron en sus senos, parecían dos mundos inalcanzables para él. 

En todas sus alucinaciones jamás se le ocurrió lo que vendría después: ella lo cogió del cuello y empezó a despojarle del saco, al mismo tiempo que una de sus manos se introducía como un pez por los resquicios de su camisa. Él reaccionó con ímpetu, la tomó por la cintura, sus labios calzaron en su boca como aves en un nido de nubes, la besó hasta él mismo perder el aliento, mientras sus manos ya se apoderaban de sus nalgas y toda la natura que habita en sus fronteras. Conquistado ese territorio se dirigió a los senos, los acariciaba como si fuera a morir después. Al diablo si mañana fuera el fin del mundo. Hoy era feliz.

Cada una de sus prendas caían lentamente al piso cual ángeles inermes, desterrados del cielo, por asomar la cabeza y ver lo que sucedía con ellos.

Acto seguido deslizó  sus manos por su espalda, parecía una cascada de espuma, sus labios se fundían en sus senos. De pronto violentamente  cambió de dirección , se fue al piso, empezó a besarla  cada dedo de  los pies, subió a la rodilla, navegó a libertad por esa aguas y volvió nuevamente  a los senos,  mientras no quedaba ni el recuerdo de prenda alguna en sus cuerpos , era una desnudes más desnudes que la de Adán y Eva. Hizo una pausa del acto literal de canibalismo y susurró ciertas palabras que iluminaron de un color diferente la habitación: “no logro distinguir si fue un sueño, pero anoche parecía que unas palomas habían invadido mi habitación, entonces pensé en ti.  Por eso he decidido cambiarte de nombre. Te llamarás Paloma, beberás de mi mano y yo no querré jamás otro abrigo que no sea de tus alas, hermosa Paloma. Ella no dijo nada, solo respiraba cada vez con más intensidad.

De pronto la volteó delicadamente hacia la pared, como se hace cuando se moldea arcilla, al mismo tiempo parecía una ola salvaje, besaba cada vertebra, cada cabello. Su erección era un sable, cuando parecía que los gemidos y jadeos arroparían la noche. Despertó.

Todo había sido un sueño, se había quedado dormido, vio la hora: ya había pasado 30 minutos de las 8.

Se desesperó como nunca, que no pudo ni asir el celular, cuando marcó una dulce voz contestó:

_ El número al que usted ha marcado, no existe.

Salió como alma que se lleva el diablo, le tomó segundos llegar a la puerta. Tocó como un loco, hasta despertar del letargo los polvos adheridos del umbral. Salió un anciano, enredando palabras preguntó por ella:

_Muchacho, hace años  que ella no vive aquí, lo último que supe fue que murió cuando iba a la publicación de un libro de un escritor, creo que se llama Mac, o algo así.

                                                                                                  



9 CARACTERÍSTICAS OBLIGATORIAS DE UN PERIODISTA DIGITAL



UN PERIODISTA DIGITAL DEBE TENER ESTAS CARACTERÍSTICAS

A menudo se cree que hacer periodismo digital es simplemente dejar de escribir en los medios tradicionales para hacerlo en una computadora y difundirla a través de Internet. Nada mas falso, existen ciertas características que harán  de un  periodista: un buen periodista digital. y este es mas o menos el perfil.


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