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domingo, 29 de noviembre de 2015


CARTA A PALOMA:

                    LIRIO SOBRE LIRIO


De pronto la ventana se abrió y las hojas de los poemas comenzaron a alzar vuelo, rozando su rostro como alas de palomas desorientadas, todo en la isla de su cama. Lo inexplicable fue que después de haber recuperado la lucidez, estas seguían invadiendo la habitación que no se decidía si estar entre la noche o el alba, se perdían por la ventana, se metían por los escombros de las sombras o se tatuaban a las paredes y desaparecían en el acto. Cuando todo pasó, se sobresaltó, desenredó su cuerpo, le dolía la cabeza, vio la hora: faltaban 10 minutos para las 6.         
    
Aun con el peso plúmbeo de las cejas, hizo memoria de cómo es que había amanecido en tal estado. Esa noche como el álbum completo de  otras pasadas, se había pasado leyendo poemas a Valeria, hasta que quedara sumida en el sueño profundo y no respondiera a la respuesta religiosa “¿Estas despierta?”.

Desde que se conocieron en una fiesta, organizado por su amigo pintor, las conversaciones infinitas hasta cerca de las dos de la mañana se fueron haciendo la rutina obligatoria de las noches.

Un viernes, a último momento, recordó que un viejo amigo le había invitado a asistir a una fiesta que organizaría como parte de la presentación de su nueva colección de pintura. Estaba por inventarse una buena excusa para    no asistir; pues no solo ya tenía planeado una cita a ciegas con una “Mujer rosa” que complacería sus instintos de literato solitario, sino que detestaba los lugares artísticos con un montón de gentes seudoanalizando expresiones artísticas, cuando en el fondo no les importaba en lo absoluto, cuando en realidad les resbalaba lo que sus ojos veían, pues no valoraban el arte sino el espectáculo creado a raíz de ello.

Pero todo salió mal. Cuando apenas estaba maquinando la excusa, una llamada desorbitó su concentración. Era él, su amigo, llamando para recodarle que era el invitado especial de la festejo. De modo que no tuvo otra más que decir:       “Estoy en camino”.

Fue así que casi al finalizar la reunión conoció a Valeria. Ella entraba mientras todos salían _la ceremonia había concluido.

La vio ingresar, y no despegó los ojos de ella, al mismo tiempo que intentaba descifrar los cuadros surrealistas de su amigo. Era hermosa, una cabellera frondosa, undosa, parecía que cargaba la madre selva. Su escote   bien decidido, no era muy exagerado, dejaba apreciar el temblorcito de sus senos en cada paso. Ni que decir de las piernas y los muslos, parecían columnas de luz sosteniendo al cielo y la tierra, se preguntaba cómo es que esa frágil cintura, tallada a la imagen y semejanza de dos medias lunas podían sostener esos monumentos de lujuria.

Al mismo tiempo surgía otra  pregunta, ¿en qué posiciones es que los padres  fecundaron esa efigie de venustidad? Era necesario saber para comunicar al mundo y establecer como reglamento universal en los coitos celebrados a fecundar. 

Todos esos atributos venían envueltos en un vestido negro muy ceñido al cuerpo, con unos tacones rojos, que lucían como la cereza del pastel.

Sintió que era la oportunidad, bajo ningún concepto podría ser desaprovechado, el terreno parecía favorable, el ambiente estaba vacío, solo su amigo discutiendo en un rincón con los últimos invitados.
Como no se movía de uno de los cuadros, unos metros más allá, decidió por acercarse:

_ ¿Qué le gusta tanto de ese cuadro que parece que estaría sufriendo en desnudarlo? _preguntó_. Si sigue así perderá los ojos.

_ Es cierto, no se deja desnudar con facilidad, no importa perder los ojos, quiero entender que esconde esa ropa vieja_ respondió ella.

Era una respuesta inteligente, que le advertía que era una muy mujer especial.

No perderemos el tiempo explicando el por qué, pero cayeron en coma de una extraordinaria química, sin moverse del lugar platicaron olvidándose del mundo, sin darse cuenta salieron del local a  concluir la conversación  afuera, al amparo de la luna. La hipnosis mutua fue tan intensa que él olvido hasta de despedirse de su amigo. En efecto, terminaron en un parque, se llamaba San Cristóbal. Se quedaron una horas más, sin embargo ella era muy cautelosa con sus informaciones que él no le saco más que su número del  celular.

Planearon volverse a ver en el transcurso de la semana, cada uno se fue como llegó.

Pasados 6 días, él la llamó con cierto escalofrío, a decir verdad quiso llamarla apenas al día siguiente pero temía parecer precipitado, por cuanto esperó. Cuando ella contestó sintió en su ser el efecto de un torrente de vino   por cada rincón de su cuerpo. De pronto se transformó en un trago amargo cuando ella le dijo que no podían verse, por encontrarse fuera de la ciudad por motivos laborales.

Entonces, todo cambió, un océano de celos lo revolcaba y lo sumergía hasta sus profundidades. Solo sintió embalsamado su dolor cuando ella le propuso hablar para concretar una cita, apenas llegara. Propuesta que no hizo más que asentir.

Pasado el tiempo indicado, volvió a llamarla. Valeria respondió que no podía ser hoy y que la llamara mañana por la noche, sintió que el sol habitaba en su pecho pero no le quedó que asentir nuevamente.
 A la noche siguiente, la llamó con cierto nerviosismo, cerca de las 10. Valeria contestó con una dulzura asfixiante. Conversaron de todo. Cuando cerca de las 2 de la mañana se dio cuenta que mientras él hablaba, ella parecía no tener reacción, entonces supo que se había quedado dormida. Un golpe de felicidad estalló en su vientre como fuegos artificiales a base de estrellas.

La noche siguiente la comunicó a esa misma hora. Conversaron de lo sucedido: “tu voz me da calma, me da seguridad para dormir tranquila _ dijo ella_. Era demasiada respuesta para él. Se estaba enamorando y con vehemencia pura.

La semana siguiente y la otra, y la otra, hasta caer un mes, el ritual de las conversaciones se hacían habituales.

A él no le importaba dormir solo dos horas antes de ir al trabajo _ enseñaba literatura en la universidad nacional_ llegaba ojeroso, ido, con aires de indulgente_. Todas sus clases consistían en escribir lo que fuere pero siempre conteniendo el nombre “Valeria”.

Ya habían transcurrido dos meses de hablar noches enteras y no verse siquiera un minuto.

_Hasta cuando seguiremos así, se le ocurrió preguntar un día.

_hasta que al menos un solo árbol del parque en que nos vimos no sea despojado de sus hojas por los lazos de otoño, respondió ella, como siempre tan esquiva.

Ser profesor era su parte complementaria. De profesión y oficio era poeta y escritor, vale decir muy apreciado en el medio.  Impulsado por la desesperación empezó a jugarse sus últimas cartas. Decidió empezar a leer para ella todos los escritos inéditos que esperaban ser publicados muy pronto.

_ Me encantan tus poemas, creo que me estas enamorando, sobre todo me encanta oír gajos de tu voz a la orilla de mis sueños, le dijo ella un día.

_Me alegra que te guste _dijo él_ pero ya vamos 4 meses que solo hablamos por el teléfono, mas no nos hemos visto un solo día siquiera.   Debo confesarte que estoy enamorado de ti, tu imagen esta en todo lo que hago. Mis poemas tienen tus formas. Todos los días te desnudo, te hago el amor pero solo en mi mente, te deseo, entiendes. Me estoy volviendo loco.  Debemos vernos _ sentenció.

_No te apresures galán, de mi cáliz no se bebe así nada más _ refirió con firmeza.

Había transcurrido un mes, cuando antes de empezar con la lectura obligada de los poemas, ella interrumpió.

_sabes, he estado pensado en lo que dijiste, y sí, quiero que nos veamos, ya es hora.

A él se le humedecieron las manos, triturando los poemas en el mar de sudor y ahogando las letras  verso a verso.

Entonces esa noche, más que nunca cuidó cada detalle de las cosas que decía y de los poemas que leía, temía que un solo error la haga cambiar de opinión. Cuando advirtió que se había quedado dormida puso el resto de las hojas como cabecera y empezó a imaginar el encuentro de mañana.

Así fue que cuando despertó, experimentó el inexplicable hecho de las palomas, faltaban 10 minutos para las 6. Por esa época, aún era noche. Se apresuró para ir a la universidad, ese día, uso el pretexto de achaques de salud y suspendió las clases para darse el tiempo de planificar todo.

Habían quedado en verse a las 8:00, en casa de Valeria. Cuando al medio día le llegó la dirección a través de un mensaje. No pudo creer que vivía a una cuadra de ella.

Anticipó todo, se bañó hasta frotarse los huesos, se afeitó, se echó el perfume favorito que únicamente se aplicaba para las presentaciones de sus libros. Cuando todo parecía estar listo vio la hora, faltaba poco menos de una hora, por lo que decidió   sentarse en el sofá a seguir proyectando los hechos futuros.


Despertó alarmado, faltaban 15 minutos. Salió tan aprisa que llegó en tan solo 5. Cuando ella abrió, se perdió en su cuerpo, se había vestido muy hermosa, contraste total de su estilo de poeta, sus ojos se perdieron en sus senos, parecían dos mundos inalcanzables para él. 

En todas sus alucinaciones jamás se le ocurrió lo que vendría después: ella lo cogió del cuello y empezó a despojarle del saco, al mismo tiempo que una de sus manos se introducía como un pez por los resquicios de su camisa. Él reaccionó con ímpetu, la tomó por la cintura, sus labios calzaron en su boca como aves en un nido de nubes, la besó hasta él mismo perder el aliento, mientras sus manos ya se apoderaban de sus nalgas y toda la natura que habita en sus fronteras. Conquistado ese territorio se dirigió a los senos, los acariciaba como si fuera a morir después. Al diablo si mañana fuera el fin del mundo. Hoy era feliz.

Cada una de sus prendas caían lentamente al piso cual ángeles inermes, desterrados del cielo, por asomar la cabeza y ver lo que sucedía con ellos.

Acto seguido deslizó  sus manos por su espalda, parecía una cascada de espuma, sus labios se fundían en sus senos. De pronto violentamente  cambió de dirección , se fue al piso, empezó a besarla  cada dedo de  los pies, subió a la rodilla, navegó a libertad por esa aguas y volvió nuevamente  a los senos,  mientras no quedaba ni el recuerdo de prenda alguna en sus cuerpos , era una desnudes más desnudes que la de Adán y Eva. Hizo una pausa del acto literal de canibalismo y susurró ciertas palabras que iluminaron de un color diferente la habitación: “no logro distinguir si fue un sueño, pero anoche parecía que unas palomas habían invadido mi habitación, entonces pensé en ti.  Por eso he decidido cambiarte de nombre. Te llamarás Paloma, beberás de mi mano y yo no querré jamás otro abrigo que no sea de tus alas, hermosa Paloma. Ella no dijo nada, solo respiraba cada vez con más intensidad.

De pronto la volteó delicadamente hacia la pared, como se hace cuando se moldea arcilla, al mismo tiempo parecía una ola salvaje, besaba cada vertebra, cada cabello. Su erección era un sable, cuando parecía que los gemidos y jadeos arroparían la noche. Despertó.

Todo había sido un sueño, se había quedado dormido, vio la hora: ya había pasado 30 minutos de las 8.

Se desesperó como nunca, que no pudo ni asir el celular, cuando marcó una dulce voz contestó:

_ El número al que usted ha marcado, no existe.

Salió como alma que se lleva el diablo, le tomó segundos llegar a la puerta. Tocó como un loco, hasta despertar del letargo los polvos adheridos del umbral. Salió un anciano, enredando palabras preguntó por ella:

_Muchacho, hace años  que ella no vive aquí, lo último que supe fue que murió cuando iba a la publicación de un libro de un escritor, creo que se llama Mac, o algo así.

                                                                                                  



2 comentarios:

Unknown dijo...

Despoja el tiempo de lo sueños? o el Sueño nos despoja del tiempo que vivimos y cada segundo se nos hace eternos y simplemente para otros un segundo ya es un día entero....? La verdad que entre los sueños y el tiempo todo es diferente, el sueño es un tiempo maravilloso y el de la realidad, bueno es la realidad...

Unknown dijo...

gracias por el comentario, estimado joel

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