YO, CALABAZA
CRÓNICA de una NOCHE de CACERÍA de DULCES
Los primeros dulces que atravesaron mi boca
fueron algo así como la pluma de la
noche que cae en el lago de los cisnes moribundos.
Sentí que alguien me despertaba del letargo,
lo sentí por el rumor del polvo que volaba, allí, en la repisa de madera color marrón
claro, donde guardan los libros, exactamente en la esquina superior derecha. Apenas advertí
el cálido asir de unas manos, afronté sentimientos ambivalentes: alegría y
angustia. Por un instante creí que me desecharían o me usarían de maceta _suerte que corrieron mis otras
hermanas_ pero no, apenas noté la suavidad de un paño tibio supe que el día que
más sentido tiene mi vida había llegado nuevamente: Halloween.
En realidad no tengo un nombre específico, a
todas nos llaman calabaza, por consiguiente soy Calabaza como todas mis
hermanas del globo. Soy made in Perú, hablo
español _evidentemente_. Fui
adquirido por una familia de escasa
condición económica, sospecho que en el anaquel de las
clases sociales eso lo ubica en: la
clase baja o clase "C" _pamplinas_. Pertenezco al niño llamado Carlitos de
11 años, y como la familia no dispone de recursos para cambiarnos cada año,
este será mi tercer período consecutivo que los
acompañe.
Me
emocioné hasta el éxtasis al sentir el agüita tibia por mi piel de
plástico, posteriormente fui puesta en la ventana, junto a mis dos hermanas que también habían sido
despertadas y acicaladas. Mientras disfrutábamos del calorcito de octubre tras
permanecer en reposo por 365 días, papá
panchito llegó a casa:
_ Meche ¿Dijiste que faltaban solo dos calabazas, no?
_sí cariño, ponlas en la ventana con las otras.
Ahora seríamos cinco. Entonces caí en la
cuenta de que Marita, que el año pasado tenía tan solo dos añitos, hoy nos
acompañaría en la aventura nocturna de pedir dulces.
La presentación con las nuevas hermanas no fue tan amena como esperaba, se las veía envanecidas,
quizá por ser nuevas, suele suceder, por cuanto decidí no fastidiarlas, estaba
segura que para el día siguiente serían las primeras en establecer una charla
_siempre pasa.
Cerca de las cinco de la tarde, papá Panchito
ordenó a todos los hijos que terminaran de alistarse, que sino perderían los
dulces.
Una de mis hermanas se fue con Mariela, la
mayor de 15 años; mi otra hermana con
Grisa de 14; a mí como de costumbre me tocaba irme con Carlitos; una de la
nuevas se fue con Sandrito de 7 y por último
la que quedaba se fue con Marita. Todos los niños estaba disfrazados, por
supuesto quien para mí se veía más lindo era Carlitos, su disfraz de pirata le caía
tan bien, aunque debo admitir que a
Marita se le veía muy encantadora vestida
de abejita. Los papás solo tenían puesto sendas capas de vampiros. Sin más
demora salimos a la calle.
Nosotros vivimos en el distrito de Santiago,
cualquier ruta debía llevarnos a la plaza mayor, objetivo principal. Pasados
algunos minutos de haber dejado la casa, los niños lucían mustios, su timidez
no les había permitido entrar a ninguna tienda hasta ahora, pese a que otros
niños lo hacían, entonces fue Mariela quien rompió el hielo al ingresar a una tienda
por el puente de Almudena, le fue bien porque logró unos cuantos dulces. A una cuadra de la iglesia de San Pedro, los
niños contagiados por el entusiasmo de la
hermana mayor, decidieron tomar por asalto una tienda que tenía las puertas
abiertas de par en par: “Halloween, caramelos, queremos caramelos señor”. Pero
para mala fortuna tocamos la puerta equivocada, un anciano nos botó al
instante: “no hay caramelos, váyanse a molestar a otro sitio carajo, jalowin,
jalowin, satanás se los va a comer” por si fuera poco añadió, “donde están sus
papás con$%&$!”$%§.
Todos nos asustamos bárbaro, Marita se
puso a llorar, y papá quien había visto
todo desde la puerta, quiso entrar a increpar al viejo, pero mamá Meche se
opuso. Continuamos con nuestro periplo.
Seguíamos con la tristeza cargando dentro de nosotras, en
especial yo, hasta ahora solo la calabaza de Mariela tenia dulces en la panza. Cuando de pronto un samaritano nos llamó a todo el
grupo, era un gringo. Sacó una bolsa de caramelos y empezó a repartir, Carlitos y yo esperamos a que sus hermanos reciban lo
suyo, cuando nos abrieron paso solo quedaba la bolsa vacía. Todo parecía que sería la única calabaza en
llenarse únicamente de congoja y de las lágrimas de Carlitos que ya empezaban a
anegar de sus ojitos de venado, amenazaban con caer como balas. Sin embargo el
generoso hombre sacó otra bolsa de caramelos, y lo que siguió fue que los
primeros dulces que cayeron por mi boca fueron como la pluma de la noche
que cae en el lago de los cisnes moribundos.
Hermosas melodías que repicaban contra mis paredes, sabía que el
dulcísono golpe de las golosinas serian efímeros, pero querían todas dentro de
mí. Vi los ojos de mi niño que se encendían
como fuegos artificiales.
Llegamos a la plaza mayor, estaba repleto de disfraces, una pasarela de disfraces y
desde luego vi otras calabazas de diferentes tamaños, colores y hasta diseños.
A eso de las 9:30 ya retornábamos para la casa, todas estábamos llenas, incluso
de monedas que algunos gringos
regalaban.
No crean que no estaba enterada. Sé que hoy
también se celebró el Día de la Canción
Criolla. Para que pelear sobre cual fiesta optar, cada uno escoge lo que le
hace feliz y como en mi familia también escuchan su música criolla, al ritmo de
Eva Ayllon y otros artistas más tomaron la
cena, juntitos en la mesa.
Este secreto que tienes conmigo, nadie lo sabrá
Este secreto quedará escondido una eternidad….
¡Cómo cantaba mamá Meche mientras servía el caldito de gallina!
De esta manera
fue que pasamos una noche de
cacería de dulces. Con la barriga llena y corazón contento, me permito acabar este
cuento. Y como eres mi tesoro imposible no sumarme al coro: te amo Perú, tierra de gloria. Yo,
calabaza, es que por ti, que escribí esta historia.



1 comentarios:
Acaso es posible que un objeto inanimado pueda hacer de algo que vivimos una experiencia y quizás uno de los mas grandes recuerdos que para un niño llamado Carlitos marco un hito en la historia de su vida?
Pues yo creo que si, en muchas ocasiones los objetos nos suelen traer mas recuerdos que una persona y esto va desde un peluche, un libro, hojas de papel, bufandas, almohadas yen tu caso una calabaza; pues en muchas ocasiones son estos objetos o cosas que traen a nuestra memoria recuerdos que quizás olvidamos o que quizás no quisimos ni queremos recordar; de ahí nace la frase creo yo "si las paredes pudieran hablar"
Tu calabacita en este caso cuenta una historia que desde el inicio me mantuvo a la expectativa de que si se llenaría o no de dulces y lo mas importante si su portador estaría feliz por ellos.
gracias por compartir un recuerdo bonito y mas a través de tu CALABAZA DE HALLOWEEN
Publicar un comentario