CARTA A PALOMA:
LIRIO SOBRE LIRIO
De pronto la ventana se abrió y
las hojas de los poemas comenzaron a alzar vuelo, rozando su rostro como alas
de palomas desorientadas, todo en la isla de su cama. Lo inexplicable fue que
después de haber recuperado la lucidez, estas seguían invadiendo la habitación
que no se decidía si estar entre la noche o el alba, se perdían por la ventana,
se metían por los escombros de las sombras o se tatuaban a las paredes y
desaparecían en el acto. Cuando todo pasó, se sobresaltó, desenredó su cuerpo,
le dolía la cabeza, vio la hora: faltaban 10 minutos para las 6.
Aun con el peso plúmbeo de las
cejas, hizo memoria de cómo es que había amanecido en tal estado. Esa noche
como el álbum completo de otras pasadas,
se había pasado leyendo poemas a Valeria, hasta que quedara sumida en el sueño
profundo y no respondiera a la respuesta religiosa “¿Estas despierta?”.
Desde que se conocieron en una
fiesta, organizado por su amigo pintor, las conversaciones infinitas hasta
cerca de las dos de la mañana se fueron haciendo la rutina obligatoria de las
noches.
Un viernes, a último momento,
recordó que un viejo amigo le había invitado a asistir a una fiesta que
organizaría como parte de la presentación de su nueva colección de pintura.
Estaba por inventarse una buena excusa para no asistir; pues no solo ya tenía planeado
una cita a ciegas con una “Mujer rosa” que complacería sus instintos de
literato solitario, sino que detestaba los lugares artísticos con un montón de gentes
seudoanalizando expresiones artísticas, cuando en el fondo no les importaba en
lo absoluto, cuando en realidad les resbalaba lo que sus ojos veían, pues no
valoraban el arte sino el espectáculo creado a raíz de ello.
Pero todo salió mal. Cuando
apenas estaba maquinando la excusa, una llamada desorbitó su concentración. Era
él, su amigo, llamando para recodarle que era el invitado especial de la
festejo. De modo que no tuvo otra más que decir: “Estoy en camino”.
Fue así que casi al finalizar la reunión
conoció a Valeria. Ella entraba mientras todos salían _la ceremonia había
concluido.
La vio ingresar, y no despegó los
ojos de ella, al mismo tiempo que intentaba descifrar los cuadros surrealistas
de su amigo. Era hermosa, una cabellera frondosa, undosa, parecía que cargaba
la madre selva. Su escote bien decidido, no era muy exagerado, dejaba
apreciar el temblorcito de sus senos en cada paso. Ni que decir de las piernas
y los muslos, parecían columnas de luz sosteniendo al cielo y la tierra, se
preguntaba cómo es que esa frágil cintura, tallada a la imagen y semejanza de
dos medias lunas podían sostener esos monumentos de lujuria.
Al mismo tiempo surgía otra pregunta, ¿en qué posiciones es que los padres
fecundaron esa efigie de venustidad? Era
necesario saber para comunicar al mundo y establecer como reglamento universal
en los coitos celebrados a fecundar.
Todos esos atributos venían envueltos
en un vestido negro muy ceñido al cuerpo, con unos tacones rojos, que lucían
como la cereza del pastel.
Sintió que era la oportunidad,
bajo ningún concepto podría ser desaprovechado, el terreno parecía favorable,
el ambiente estaba vacío, solo su amigo discutiendo en un rincón con los
últimos invitados.
Como no se movía de uno de los
cuadros, unos metros más allá, decidió por acercarse:
_ ¿Qué le gusta tanto de ese
cuadro que parece que estaría sufriendo en desnudarlo? _preguntó_. Si sigue así
perderá los ojos.
_ Es cierto, no se deja desnudar
con facilidad, no importa perder los ojos, quiero entender que esconde esa ropa
vieja_ respondió ella.
Era una respuesta inteligente,
que le advertía que era una muy mujer especial.
No perderemos el tiempo
explicando el por qué, pero cayeron en coma de una extraordinaria química, sin
moverse del lugar platicaron olvidándose del mundo, sin darse cuenta salieron
del local a concluir la
conversación afuera, al amparo de la
luna. La hipnosis mutua fue tan intensa que él olvido hasta de despedirse de su
amigo. En efecto, terminaron en un parque, se llamaba San Cristóbal. Se
quedaron una horas más, sin embargo ella era muy cautelosa con sus
informaciones que él no le saco más que su número del celular.
Planearon volverse a ver en el
transcurso de la semana, cada uno se fue como llegó.
Pasados 6 días, él la llamó con cierto
escalofrío, a decir verdad quiso llamarla apenas al día siguiente pero temía parecer
precipitado, por cuanto esperó. Cuando ella contestó sintió en su ser el efecto
de un torrente de vino por cada rincón
de su cuerpo. De pronto se transformó en un trago amargo cuando ella le dijo
que no podían verse, por encontrarse fuera de la ciudad por motivos laborales.
Entonces, todo cambió, un océano
de celos lo revolcaba y lo sumergía hasta sus profundidades. Solo sintió
embalsamado su dolor cuando ella le propuso hablar para concretar una cita,
apenas llegara. Propuesta que no hizo más que asentir.
Pasado el tiempo indicado, volvió
a llamarla. Valeria respondió que no podía ser hoy y que la llamara mañana por
la noche, sintió que el sol habitaba en su pecho pero no le quedó que asentir
nuevamente.
A la noche siguiente, la llamó con cierto nerviosismo,
cerca de las 10. Valeria contestó con una dulzura asfixiante. Conversaron de
todo. Cuando cerca de las 2 de la mañana se dio cuenta que mientras él hablaba,
ella parecía no tener reacción, entonces supo que se había quedado dormida. Un
golpe de felicidad estalló en su vientre como fuegos artificiales a base de
estrellas.
La noche siguiente la comunicó a
esa misma hora. Conversaron de lo sucedido: “tu voz me da calma, me da
seguridad para dormir tranquila _ dijo ella_. Era demasiada respuesta para él.
Se estaba enamorando y con vehemencia pura.
La semana siguiente y la otra, y
la otra, hasta caer un mes, el ritual de las conversaciones se hacían
habituales.
A él no le importaba dormir solo
dos horas antes de ir al trabajo _ enseñaba literatura en la universidad
nacional_ llegaba ojeroso, ido, con aires de indulgente_. Todas sus clases
consistían en escribir lo que fuere pero siempre conteniendo el nombre “Valeria”.
Ya habían transcurrido dos meses
de hablar noches enteras y no verse siquiera un minuto.
_Hasta cuando seguiremos así, se
le ocurrió preguntar un día.
_hasta que al menos un solo árbol
del parque en que nos vimos no sea despojado de sus hojas por los lazos de
otoño, respondió ella, como siempre tan esquiva.
Ser profesor era su parte
complementaria. De profesión y oficio era poeta y escritor, vale decir muy
apreciado en el medio. Impulsado por la
desesperación empezó a jugarse sus últimas cartas. Decidió empezar a leer para
ella todos los escritos inéditos que esperaban ser publicados muy pronto.
_ Me encantan tus poemas, creo
que me estas enamorando, sobre todo me encanta oír gajos de tu voz a la orilla
de mis sueños, le dijo ella un día.
_Me alegra que te guste _dijo él_
pero ya vamos 4 meses que solo hablamos por el teléfono, mas no nos hemos visto
un solo día siquiera. Debo confesarte
que estoy enamorado de ti, tu imagen esta en todo lo que hago. Mis poemas
tienen tus formas. Todos los días te desnudo, te hago el amor pero solo en mi
mente, te deseo, entiendes. Me estoy volviendo loco. Debemos vernos _ sentenció.
_No te apresures galán, de mi cáliz
no se bebe así nada más _ refirió con firmeza.
Había transcurrido un mes, cuando
antes de empezar con la lectura obligada de los poemas, ella interrumpió.
_sabes, he estado pensado en lo
que dijiste, y sí, quiero que nos veamos, ya es hora.
A él se le humedecieron las
manos, triturando los poemas en el mar de sudor y ahogando las letras verso a verso.
Entonces esa noche, más que nunca
cuidó cada detalle de las cosas que decía y de los poemas que leía, temía que
un solo error la haga cambiar de opinión. Cuando advirtió que se había quedado
dormida puso el resto de las hojas como cabecera y empezó a imaginar el
encuentro de mañana.
Así fue que cuando despertó, experimentó
el inexplicable hecho de las palomas, faltaban 10 minutos para las 6. Por esa
época, aún era noche. Se apresuró para ir a la universidad, ese día, uso el
pretexto de achaques de salud y suspendió las clases para darse el tiempo de
planificar todo.
Habían quedado en verse a las
8:00, en casa de Valeria. Cuando al medio día le llegó la dirección a través de
un mensaje. No pudo creer que vivía a una cuadra de ella.
Anticipó todo, se bañó hasta
frotarse los huesos, se afeitó, se echó el perfume favorito que únicamente se
aplicaba para las presentaciones de sus libros. Cuando todo parecía estar listo
vio la hora, faltaba poco menos de una hora, por lo que decidió sentarse en el sofá a seguir proyectando los
hechos futuros.
Despertó alarmado, faltaban 15
minutos. Salió tan aprisa que llegó en tan solo 5. Cuando ella abrió, se perdió
en su cuerpo, se había vestido muy hermosa, contraste total de su estilo de
poeta, sus ojos se perdieron en sus senos, parecían dos mundos inalcanzables
para él.
En todas sus alucinaciones jamás
se le ocurrió lo que vendría después: ella lo cogió del cuello y empezó a despojarle
del saco, al mismo tiempo que una de sus manos se introducía como un pez por
los resquicios de su camisa. Él reaccionó con ímpetu, la tomó por la cintura,
sus labios calzaron en su boca como aves en un nido de nubes, la besó hasta él
mismo perder el aliento, mientras sus manos ya se apoderaban de sus nalgas y toda
la natura que habita en sus fronteras. Conquistado ese territorio se dirigió a
los senos, los acariciaba como si fuera a morir después. Al diablo si mañana
fuera el fin del mundo. Hoy era feliz.
Cada una de sus prendas caían
lentamente al piso cual ángeles inermes, desterrados del cielo, por asomar la
cabeza y ver lo que sucedía con ellos.
Acto seguido deslizó sus manos por su espalda, parecía una cascada
de espuma, sus labios se fundían en sus senos. De pronto violentamente cambió de dirección , se fue al piso, empezó
a besarla cada dedo de los pies, subió a la rodilla, navegó a
libertad por esa aguas y volvió nuevamente
a los senos, mientras no quedaba
ni el recuerdo de prenda alguna en sus cuerpos , era una desnudes más desnudes
que la de Adán y Eva. Hizo una pausa del acto literal de canibalismo y susurró
ciertas palabras que iluminaron de un color diferente la habitación: “no logro distinguir
si fue un sueño, pero anoche parecía que unas palomas habían invadido mi habitación,
entonces pensé en ti. Por eso he
decidido cambiarte de nombre. Te llamarás Paloma, beberás de mi mano y yo no querré
jamás otro abrigo que no sea de tus alas, hermosa Paloma. Ella no dijo nada,
solo respiraba cada vez con más intensidad.
De pronto la volteó delicadamente
hacia la pared, como se hace cuando se moldea arcilla, al mismo tiempo parecía
una ola salvaje, besaba cada vertebra, cada cabello. Su erección era un sable,
cuando parecía que los gemidos y jadeos arroparían la noche. Despertó.
Todo había sido un sueño, se
había quedado dormido, vio la hora: ya había pasado 30 minutos de las 8.
Se desesperó como nunca, que no
pudo ni asir el celular, cuando marcó una dulce voz contestó:
_ El número al que usted ha
marcado, no existe.
Salió como alma que se lleva el
diablo, le tomó segundos llegar a la puerta. Tocó como un loco, hasta despertar
del letargo los polvos adheridos del umbral. Salió un anciano, enredando
palabras preguntó por ella:
_Muchacho, hace años que ella no vive aquí, lo último que supe fue
que murió cuando iba a la publicación de un libro de un escritor, creo que se
llama Mac, o algo así.




2 comentarios:
Despoja el tiempo de lo sueños? o el Sueño nos despoja del tiempo que vivimos y cada segundo se nos hace eternos y simplemente para otros un segundo ya es un día entero....? La verdad que entre los sueños y el tiempo todo es diferente, el sueño es un tiempo maravilloso y el de la realidad, bueno es la realidad...
gracias por el comentario, estimado joel
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